Antonio Emmanuel, Berthier Sanchez

Ejercicio 2 PEC. La Republica libro 1

1. ¿Cómo se relaciona el tema de la vejez con el tema de la justicia?
A lo largo del diálogo, Sócrates pareciera ir retrocediendo con sus interlocutores desde Céfalo, luego con Polemarco y hasta Trasímaco, del hombre sabio que conoce y comprende la justicia, al hombre de noble sentir que puede alcanzar ese saber y el hombre cínico que se siente satisfecho con su idea errada de justicia. Céfalo, siguiendo a Sófocles, aprecia en su valor y en sus beneficios la paz interna que experimenta el hombre en la vejez cuando se ve liberado del “tirano furioso y brutal” que representa el fuego de la pasión. Considera que el hombre sensato es aquel que tanto en su juventud como en su senectud es capaz de llevar costumbres moderadas. La justicia se aprecia en él al reconocer a cada estado del alma su valor en tanto que es capaz de alcanzar su realización como virtud. El hombre viejo es como el médico que en su vocación plenamente desarrollada no compite contra sus pares o busca un beneficio o retribución distinta de su saber. El viejo es virtuoso en tanto que ha templado su voluntad de acuerdo con el momento que atraviesa en la vida y por ello no ve en la vejez injusticia alguna.
Feedback: O dicho positivamente. En la vejez parece haber un equilibrio necesario para la justicia.
Me parece muy buena tu caracterización de este pasaje. Lo que aparentemente es una mera introducción para situar a los personajes de hecho forma parte del tema de la justicia y en efecto, representa la perspectiva que dan los años, respecto de la arrogancia propia de la juventud.

2. ¿Cuál era el clima político en el momento en que Platón escribe esta obra?
Platón escribe La Republica una vez fracasada la empresa de Siracusa en la que se empeñó en contribuir al logro de una reforma política que renovara la confianza de los ciudadanos de las polis griegas en la vida política que sufrió el tránsito de la democracia a la oligarquía. El problema para Platón (y para los ciudadanos griegos de la época) es que parecía no haber mayor diferencia entre la incapacidad de los gobiernos democráticos y oligárquicos en cuanto a generar la estabilidad de que gozaron antes de la Guerra del Peloponeso. En aquel periodo de glorioso optimismo Pericles abogaba por la “feliz despreocupación” de una sociedad que por méritos propios parecía haber alcanzado dignidad imperial. Sin embargo, la decadencia de este orden hacía necesario, a los ojos de Platón una reflexión seria orientada a la profesionalización y especialización de los cuadros políticos. La República reflexiona acerca de esta necesidad destacando aquella disposición anímica y de conocimientos que formarán a los filósofos-reyes que renovarán la vida de la polis.
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Nuevamente una muy buena caracterización. Al hacer la pregunta yo estaba pensando propiamente en el clima político ateniense en el periodo. Tú nos sitúas más bien en el contexto del autor. Yo pienso que en apariencia la República es una pura idealización, una teoría respecto de la conducción del estado. Empero, bien sabemos que Platón intentó poner sus ideas en práctica mediante la misión en Siracusa. Esta dialéctica entre teoría y praxis política entre realismo e idealismo es el que me interesa que abordemos.

3. ¿De qué manera se compara aquella circunstancia con la nuestra?
En este país hemos transitado de un régimen de partido de Estado a uno basado en instituciones democráticas, al menos en lo concerniente a su aspecto procedimental. El problema que parecemos enfrentar, al igual que los griegos de la época de Platón, consiste en que los procedimientos democráticos parecen no traer consigo la solución a los problemas que aquejan al país. El régimen ha cambiado pero no las prácticas propias que conforman al sistema político y de las que participa el propio ciudadano en aras de su propio interés. Se antoja complicado pensar, como lo hace Platón, que la especialización y la profesionalización de los funcionarios públicos pueda resolver un problema que involucra aspectos tan arraigados en la idiosincrasia y cultura política nacional; sin embargo, su planteamiento permite reflexionar acerca de las responsabilidades del ciudadano y del funcionario como ideales contra-fácticos frente a los cuáles evaluar nuestro proceder y el de nuestros políticos.
Feedback: Muy bien

4. ¿Por qué rechaza Sócrates la primera conceptualización de la justicia como dar a cada quien lo que le pertenece?
Porque bajo este precepto la justicia se confunde con la reciprocidad. El hombre que retribuye con bondad el bien y con maldad el mal no obra justamente. Sócrates, al considerar como virtud a la justicia plantea que una virtud, al realizarse en el obrar, no puede dar lugar a su contrario: el músico virtuoso instruye en su arte tanto al hombre versado en música como al que es ignorante de ella. El hombre justo retribuye con bondad al hombre bueno pues con ello refuerza en él esta virtud. Pero no puede ser menos bondadoso con el hombre malo pues daría lugar con ello a reafirmar esa maldad. Además, no puede depender la justicia del juicio que un hombre hace de los demás pues en caso de errar cometería, a todas luces, una injusticia. La justicia se realiza así en el retribuir a los demás con el mismo virtuosismo con el que el artista se brinda a su público o con el mismo empeño profesional con el que el médico se brinda a su paciente.
Feedback: Muy bien

5. ¿En conjunto qué atributos otorga Sócrates al gobernante justo?
El gobernante justo es un hombre preparado en la virtud para gobernar. No es un tirano que se preocupa por sí mismo y busca obtener un beneficio del ejercicio del poder. El gobernante es alguien cuyas cualidades y disposiciones anímicas se han desarrollado de manera virtuosa alcanzando con ello su propia retribución. No espera retribución alguna de sus empeños como dirigente de hombres como el timonel no espera nada de la conducción de los marinos: lo que importa al timonel es llegar a tierra tanto como al político justo alcanzar el bien para el Estado. De esperar algún beneficio económico de su labor política, este hombre no sería por vocación un dirigente de hombres sino un mercenario, un hombre cuyo talento natural es la obtención de un pago por un servicio.
Feedback: Al desarrollar este modelo de gobernante, nos preguntamos si es un dilema irremediable, ya que este tipo de gobernante no creo que exista, lo que implica que la injusticia es inevitable. ¿Cómo lograr conciliar ambiciones y justicia?
MB

6. ¿Qué limitantes existen para aceptar la utilidad como justicia? ¿Con respecto a nuestro tiempo, aplicará el mismo razonamiento?
No considero que el razonamiento presentado en la obra pueda o deba cambiar mucho. Que una sociedad pueda ser calificada como justa en la medida que quienes de ella participan posean la oportunidad de tener como principal beneficio el cabal desarrollo se su vocación, pareciera lo mínimo que se le debiera demandar. Un cuerpo institucional dispuesto de tal forma que no permita a los ciudadanos el derecho y la oportunidad de desarrollar sus propios y naturales talentos es injusta. Bajo este mismo principio es injusta una sociedad que privilegia ciertos talentos sobre otros, como puede ser el caso de la preferencia por el conocimiento técnico sobre los oficios y las artes. Pero, principalmente, una sociedad en la que el servicio público sea tolerado –al estilo de Trasímaco, cínicamente- como una forma de realización del interés personal con todas las consecuencias negativas que tiene ello para la ciudadanía, pareciera ser la mayor injusticia de todas. La justicia, en esta lógica, no debe ser entendida como utilidad, sino como condición para desarrollar saberes y capacidades equiparables.
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Con la anterior respuesta: la utilidad no puede ser impedimento para la justicia. Eso mismo implican las posturas de Sócrates, aunque por momentos parece que son irreconciliables.
Me gusto mucho tú respuesta

7. ¿Trasímaco se considera a sí mismo un hombre prudente y realista? ¿Su posición es realista o idealista? explique las razones. Aclaración: Sócrates lleva el argumento opuesto de Trasímaco y al vencerlo, aparentemente es más realista que Trasímaco. Pero la conclusión de Sócrates dificilmente podría considerarse realista.
Trasímaco aparece como realista sólo en el sentido de que acertadamente reconoce cómo en el mundo prevalece la injusticia sobre la justicia: el hombre injusto crea leyes que operan en beneficio propio al ser éstas obedecidas por el hombre justo. Incluso reconoce que parece haber más felicidad en el obrar injusto que en el justo. Pero su realismo no es un realismo neutro: no mira esta condición social como un problema sino como un estado de cosas que se deben de asumir y aceptar. Trasímaco no es en sí un realista sino un cínico: acepta la injusticia como forma del ser social y en ello se distingue de Sócrates. Este último reconoce que el mundo funciona de esa manera pero no por ello considera la injusticia como una virtud sino como un defecto. Aboga por la virtud como un camino a la felicidad, pero más importante aún, a la sociabilidad. El hombre no podría vivir con los demás hombres de no ser por su justo obrar. Una sociedad de hombres injustos sería imposible. En efecto, este diagnóstico socrático aparece menos ajustado al mundo que el de su interlocutor, pero en ello radica precisamente su valor ético: Sócrates no se contenta con el estado del ser, sino que parte de él para alcanzar un estado distinto, un estado de mayor perfección y de beneficio compartido. La justicia es precisamente ese estado.
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Excelente respuesta. Esto resuelvela aparente antítesis entre realismo e idealismo. O

8. ¿Qué es lo que refuta Sócrates del argumento de Trasímaco?
Sócrates refuta la definición de justicia de Trasímaco consistente en que la justicia es el beneficio que obtiene el poderoso frente al débil. Sócrates demuestra que esta definición no se sostiene bajo la premisa de que el poderoso no impone al débil un modo de actuar que obre siempre en su beneficio. Sócrates demuestra además, en contra de la concepción de justicia de Trasímaco, que no puede haber virtud en la injusticia pues ésta no se desarrolla como una especial facultad en el hombre como el arte o la ciencia, sino como la corrupción de una facultad, precisamente la de ser justo. Finalmente, Sócrates demuestra que incluso el hombre injusto requerirá de la justicia como condición para establecer una relación de complicidad con los demás hombres pues de obrar siempre injustamente cualquier forma de relación humana sería imposible.
Feedback: Bien, con la anterior

9. ¿Qué conclusión saca Sócrates al final del diálogo? ¿En qué consiste la justicia?
Al final del Libro I, Sócrates, aunque insatisfecho con la definición alcanzada, ha comprobado que la justicia es una virtud, y que como tal, es ella misma benéfica para el hombre. La justicia se alcanza cuando en su relación con los demás hombres, el hombre se brinda de acuerdo con su natural talento y eso espera de los demás: que el médico cure, que el músico le deleite y que el sabio gobernante gobierne, sin que medie entre ellos un interés distinto del beneficio que todos obtienen del desarrollo de su natural talento puesto al servicio de los demás.
Feedback: Efectivamente. Pero ojo, esto retrotrae el asunto de la justicia del plano social al plano individual. El “gobernante justo” es un “hombre justo”, ¿pero es eso un gobernante justo? Yo sostengo que aquí el tema queda trunco y que en el fondo Sócrates no refuta la propuesta de Trasímaco en lo práctico, sino solo en lo teórico.

10. ¿De qué manera se relaciona esta lectura con los problemas cívico-políticos de nuestra ciudad?
Considero que en ella se plasma de manera clara el problema de las expectativas que trae consigo una determinada concepción de ciudadanía y de la política como servicio público. Quien demande a la política justicia, entendiendo con ella la participación de un beneficio diferente al de la propia contribución a la sociedad, está destinado a la frustración y a la reproducción directa o indirecta de un sistema contradictorio en el que la búsqueda de ese beneficio se revierte en contra de toda la sociedad. El ciudadano, bajo esta perspectiva errónea, se concibe como un ser depositario de derechos pero escasas responsabilidades. Reclaman para sí el máximo beneficio bajo la ley del mínimo esfuerzo. Se establece con ello entre los ciudadanos un acuerdo tácito en el que todos reconocen la injusticia de un gobierno que resulta incapaz de tomar decisiones vinculantes plausibles y en el que los servidores públicos privilegian el interés propio; pero al mismo tiempo, estos ciudadanos reproducen esa incapacidad para obrar en forma diferente a la de sus gobernantes.
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